Todos los días la veía sufriendo y me partía el corazón, de verdad la amaba, con todo mi corazón, pero sentía que Castiel me la estaba quitando y no lo aceptaría. La obligue a separarse de él, a no poder verlo y no me importo que se sintiera mal. Actué egoístamente, sin embargo no podía echarme atrás, si ahora le quitaba esa orden iría corriendo a los brazos de ese.
Salí de una de las clases que no teníamos juntos y la vi fuera de la sala de esgrima, estaba inclinada vomitando en un tacho de la basura. Me acerque.
-¿Estas bien?- Me miro con odio.
-¿Eres idiota?-
-Ven déjame ayudarte- Le dije tratando de levantarla, pero ella enseguida me aparto.
-No me toques... Cuando estoy cerca de Castiel me pasa esto porque tu me lo haces... Cuando te veo me dan ganas de vomitar pero naturalmente... Me das asco- Sus palabras se clavaron en mi como dagas.
-No digas eso, no me digas eso-
-Te odio Jared, por lo que me hiciste y lo que me haces-
-Lo hago por que te amo-
-Mentira... el amor es puro, no egoísta y tu esto lo haces para tu propio beneficio, no piensas en mi en ni un minuto-
-Se que te hago daño, pero no puedo dejarte ir, menos con ese tipo-
-Nunca he tenido nada con Castiel, solo somos amigos, pero gracias a tus celos desmesurados ahora lo comenzare a ver de otra forma-
-No podrás hacer nada con él-
-Si, pero tampoco tu tendrás nada de mi-
-Te amo, Agatha-
-No mientas-
-No lo hago-
-Tu solo te quieres a ti mismo-
-Te quiero, solo te quiero a ti-
-Pero yo no-
-No mientas, tu me querías-
-Tu lo has dicho, te quería... es pasado. ¿No dicen que del amor al odio hay solo un paso? ¡Que frase más cierta!-
-No puedes odiarme-
-Observame- Entonces se marcho dejándome allí parado y perplejo.
Durante al menos un mes trate de acercarme a ella como pudiera, pero no lograba nada, alguna veces nos tocaba hacer trabajos juntos, ella solo me ignoraba y los hacia sola. Simplemente había comenzado una guerra en la que estaba predestinado a perder, aun así no me daría por vencido. Llame a una tienda de flores y les pedí que enviaran cien rosas rojas a su nombre, con una tarjeta que dijera "Soy un estúpido y egoísta, tienes razón... Aun así te amo". Su reacción no fue la que esperaba. Estaba con Dorian sentados en el patio, mientras esperábamos el cambio de clases. Entonces ella llego acarreando todas las rosas y las arrojo sobre mi.
-¿Crees que con una cuantas rosas vas a arreglar mi vida?-
-Agatha...-
-Cállate, ya me tienes harta, eres un maldito psicópata olvídate de mi por que nunca me tendrás, jamás. Hasta Dorian sería capaz de tenerme antes que tu- Eso me volvió loco y mi paciencia se agoto por completo, ella sería mía y de nadie más.
-Te callas tu, es una orden, justo como lo que te diré ahora. Presta atención. Ve a mi cuarto-
-¿Que?-
-Es un orden de tu creador- Entonces agachando la cabeza en contra de su voluntad, comenzó a caminar hasta mi cuarto, yo la seguí siempre.
-Quítate la ropa-
-No-
-Hazlo- Entonces comenzó a hacerlo sin tener las fuerzas para detenerse, sin embargo por su rostro caían lagrimas de sangre. Quedo en ropa interior delante mio, jamás la había visto así, realmente era perfecta, aun así la situación no era lo que yo quería -Tiéndete en la cama-
-¿Que me vas a hacer?-
-¿No decías que nunca serías mía? Te demostrare que eso no depende de ti-
-No puedes hacerme esto-
-Ponme a prueba-
Entonces no me contuve más, me lance sobre ella y le hice el amor. No fue como siempre lo imagine, en mis sueños ella normalmente no lloraba y mucho menos debía ordenarle todo lo que debía ser, aún así sabía muy bien que esto no lo hacía por placer, lo hacía para que supiera que ella era mía.



